El proyecto comienza con una consultoría previa para adaptar la distribución interior del edificio ya proyectado a las necesidades operativas de la firma. En esta fase inicial, se redefinen los espacios para hacerlos más representativos, optimizando el vestíbulo de acceso y creando nuevas circulaciones privadas entre los colaboradores y las socias, sin interferencias con las áreas públicas.
A lo largo de dos años de trabajo, el acompañamiento a la propiedad fuer clave en cada etapa del proceso: desde la asesoría para la selección de la constructora, estudio de presupuesto y elección de industriales, hasta el seguimiento de obra, representando los intereses de la propiedad ante la constructora y los distintos contratistas.
En paralelo, se desarrolla el proyecto de interiorismo del edificio de aproximadamente 1500 m2, definiendo en detalle revestimientos, iluminación, carpintería, mobiliario y decoración de cada espacio. Gracias a esta planificación integral, el edificio se diseñó y construyó con una visión funcional y estratégica desde el inicio, garantizando que cada detalle respondiera a las necesidades específicas de la empresa.
En Panamá, la figura del arquitecto como dirección facultativa no existe como aquí en España, ya que la mayoría de los casos el arquitecto es también el constructor. Esto deja a la propiedad sin un técnico independiente que la asesore durante la obra. En este contexto, mi rol como asesora técnica fue esencial para velar por los intereses de la firma, asegurando el cumplimiento de los objetivos de diseño, calidad y funcionalidad.







